...los días son pocos, pero parecen una eternidad...en un mes se condensaron demasiadas sensaciones que se han hecho difíciles de soportar. Miedo, tristeza, emoción, alegría, pasión, rabia, impotencia, muchos motivos para llorar y otros para reír...una sensación de parálisis que no permite retomar la rutina anterior a ese instante en que la tierra remeció todo lo que estaba adormecido...
Vivir esos 3 minutos sola...con la luna poniendo a prueba mi calma...haciendo surgir algo desconocido...un sentimiento de desolación que nunca se había hecho presente...una sensación de que todo había terminado...que iba a morir sola, sin haberme despedido de mis padres, de mi hermana y mis amigas...un miedo inexplicable y un odio hacia la tierra que no paraba de moverse y que frente a mis ojos sacudía mi hogar, tan vulnerable a derrumbarse y que se negaba a sucumbir...hubo un minuto en que dejé de pensar y solo permanecí afirmada en ese cable que amablemente sostenía la ropa que antes tendíamos al sol...un simple alambre que fue mi único compañero en esos interminables segundos...pero estaba en mi casa, donde pasé los mejores momentos de mi infancia y que de alguna forma me recordaba las tantas veces que me había puesto en pie después del caos. Después que todo se detuvo, me di cuenta que lo peor no se había concentrado en esos instantes, sino que estaba por venir...no pude dormir hasta el domingo, hasta que pude abrazar a mi familia...después de eso pude tranquilizarme y volver a mi nuevo hogar, en esta región sureña que había sufrido una devastación total...
Fue extraño retornar a estas tierras antes tan acogedoras y que ahora estaban en medio del caos, entre el miedo que se respiraba en el aire y la destrucción evidente de la ciudad, con monstruos caídos y otros escondidos que acechaban dia y noche...en medio de la gente que reaccionó violentamente y aumentó la destrucción con los saqueos...y el acoso constante de la idea que había que mantenerse firme para resistir todo lo que vendría después.
No fue fácil volver a aquellos lugares donde trabajaba y que ahora ya no existían...ver que el mar se había llevado cuadras enteras por donde antes caminaba y disfrutaba del cariño de su gente, quienes ahora se refugiaban en carpas pues lo habían perdido todo...sus casas, sus muebles, sus recuerdos, y sobretodo, su paz. Esa paz de refugiarse dia a día alrededor de una estufa a leña...esa tranquilidad que ahora desaparecía y mutaba hacia un caos total.
Describir el dia a dia sería eterno...pasaron muchas cosas, muchas personas, muchas situaciones extrañas, anecdóticas y tragicómicas...un mes bastó para remecer mucho más que la tierra...remeció nuestra vida, y despertó en nosotros la angustia, la solidaridad, la necesidad de sentirse querido y acompañado. No habían días sin emociones fuertes...ver caer un auto a un canal...estar en medio de una alerta de tsunami y ver gente arrancando por todas partes...réplicas a cada instante...cuasi choques...casas destruídas en su totalidad, y otras a punto de caerse....ver cerros agrietados y paisajes modificados por la subida del mar...niños asustados y sus padres ávidos de tener respuestas que no siempre podemos dar...miles de situaciones que no permitían bajar la guardia y que no nos daban respiro....quiza era precisamente para que no tuvieramos un minuto para sentarnos a pensar respecto a lo que nos estaba pasando.
No hay mente que resista sin consecuencias todo lo que hemos vivido...cuando empezó a volver la normalidad, nuestro nivel de tolerancia, paciencia y objetividad comenzó a bajar, a marcarnos una delgada línea entre lo que antes soportábamos con calma, y lo que ahora podemos aguantar. Gastamos mucha energía, la poca que nos iba quedando en este absorvente modo de vida. Antes sabíamos las cosas que nos estábamos perdiendo por vivir acá...pero quiza ahora se hicieron mas patentes. Estar lejos de nuestra familia, de nuestras amistades, de las cosas que nos entretenían y que nos hacían parte de una "ciudad"...conocer gente aunque fuera en una noche de carrete, tener posibilidad de conocer a algún mino que nos hiciera sentir ilusionadas o deseadas...son cosas de las que antes nos reíamos, pero que ya no nos están causando tanta gracia.
Vías de escape siempre habrán...pero cuando se ocupa la última salida, es hora de emprender la retirada. Creo que me quedan algunas vías, pues no siento que sea hora de partir...hay cosas que me hicieron volver a respirar, situaciones que me hicieron sentir que aun vale la pena seguir metida en este pueblucho, y que me siguen manteniendo la esperanza de que cerraré la puerta por fuera. De porfiada no me la gana nadie...pero tampoco puedo asegurar que resistiré hasta el final...si un terremoto causó estragos, nunca se sabe qué otra cosa peor podría pasar.
Mi única certeza es que sigo viva...no creo que mejor que antes, pero sí más fuerte...y a la vez, extremadamente más sensible...así que por favor, paren el mundo un ratito, que me quiero bajar y, ojalá, tener unas buenas vacaciones! (soñar no cuesta nada...)
